2 de abril, bautizado por Trump como Liberation Day, ha traído consigo el anuncio de los aranceles que EE.UU. impondrá sobre sus importaciones. De la primera reacción de los mercados (bolsas a la baja, refugio en la renta fija, caída del dólar), ya se intuye la sorpresa negativa. ¿Qué ha ocurrido? ¿Qué lecturas económicas pueden hacerse? ¿Es recomendable ajustar, y cómo, las carteras?

Comenzando por lo anunciado: un esquema más agresivo de lo esperado, particularmente sobre Asia. A grandes rasgos... Un arancel mínimo del 10% sobre todas las importaciones de bienes a EE.UU. a partir del 5 de abril. Además, desde el 9 de abril, aranceles específicos según países/zonas, que serán mayores sobre las importaciones desde aquellos países con elevado déficit comercial con EE.UU. Hablamos de un 20% sobre la UE, un 24% sobre Japón, un 34% sobre China, un 46% a Vietnam, un 32% a Taiwán, un 25% a Corea del Sur o un 27% a la India.
A los países con los que EE.UU. tiene superávit comercial (Reino Unido, Australia, Singapur…), “solo” se les aplicará el mínimo (10%). Mientras, Canadá y México, tras los aranceles anunciados recientemente, estarían exentos de estos nuevos adicionales. La metodología seguida para llegar a estos aranceles es más que discutible: explicada por los saldos comerciales bilaterales más que sobre la base de reciprocidad. Se considera el déficit comercial como un arancel sobre EE.UU. Con todo ello, la tasa arancelaria efectiva promedio pasaría del 3-10% al 20-23%, la más alta en más de un siglo.
¿Son estos aranceles definitivos, se acaba la incertidumbre? No, respuesta más probable… Cabe la negociación…: Trump mencionó que los aranceles podrían reducirse si otros países disminuyen sus barreras comerciales a los productos estadounidenses. Esperamos que así sea, pero estos procesos de acercamiento llevan tiempo…Tailandia planea recortar algunos aranceles, Sudáfrica busca acuerdo bilateral,… Pero también las represalias…Y no son descartables en el corto plazo. China ha votado a favor de llevarlas a cabo, la UE prepara contramedidas para mediados de mes si fallan las negociaciones… Faltan por llegar otros aranceles sectoriales: chips, farmacéuticos y minerales críticos, entre otros, lo que podría aumentar aún más la tasa efectiva promedio. Mientras, se mantiene el 25% ya anunciado sobre autos, acero y aluminio. Y está por ver la respuesta de las grandes empresas, algunas muy expuestas globalmente y negativamente afectadas (Apple, Amazon,…), y que podrían presionar para lograr una aplicación menos estricta de lo anunciado.
¿Impacto económico? Negativo, pero mucho dependerá de la permanencia o no de los aranceles en los niveles anunciados… Sigue la incertidumbre que juega negativamente para consumidores y empresarios. Más inflación, el impacto más directo de aranceles más altos: pudiendo añadir al PCE americano un 1-1,5% este año. Los diferentes agentes económicos ya venían adelantando la dirección de los precios, con expectativas de inflación al alza en las encuestas a consumidores y empresarios, en las mayores previsiones de IPC de la FED… ¿Estanflación, recesión?: el efecto sobre el crecimiento es más mediato, pero no es descartable encontrarnos con varios trimestres en negativo. De hecho, la probabilidad de recesión para EE.UU. se venía revisando al alza, pero no esperaríamos que fuera profunda. La subida de precios daña la capacidad adquisitiva del consumidor, recortando el consumo. Más importante aún en el caso de una economía americana que viene dando señales de moderación en el consumo y con empeoramiento del sentimiento empresarial. Fuera de EE.UU., también habría impacto negativo, con algunos economistas cifrándolo en rangos del -0,3%/-0,5% para el PIB europeo en los próximos dos años, o incluso de un -0,6%/-1,2%, neutralizando así parte de la mejora que viene del mayor gasto en defensa e infraestructura.
¿Algo positivo? El anuncio podría generar ingresos para EE.UU. de casi 400.000 mill. de dólares (1,3% del PIB), el mayor aumento de impuestos desde 1968. ¿Qué implica este escenario para los bancos centrales? Para la FED, menor margen de maniobra a la hora de pensar en bajadas de tipos, con una inflación que no acababa de estar controlada y cuyos riesgos aumentan. Dicho esto, los riesgos de estancamiento de la actividad, pudieran llevar a una tasa de paro al alza que daría argumentos y necesidad para una política monetaria más expansiva. Una aproximación restrictiva sigue siendo aún un buen punto en el que estar para la Reserva Federal. Para el BCE, la tendencia desinflacionista sigue permitiendo bajadas adicionales. Fuera de los tipos, interesantes palabras de Holzmann (BCE): “la guerra comercial podría requerir de políticas monetarias no convencionales”. ¿QE no descartable?
Implicaciones para la inversión. Dada volatilidad y la incertidumbre de corto plazo, nos parece pronto para hacer cambios drásticos en la asignación de activos. Dicho esto, sí lanzamos unas primeras reflexiones y algún primer ajuste en cartea… Este segundo mandato de Trump se desmarca del primero en contundencia y menor atención al “control indirecto” que en 2016-2020 representaron los mercados financieros. ¿Catalizadores inmediatos para los mercados? No resultan evidentes. Ni es de esperar la intervención de la FED, ni el giro a positivo de las sorpresas macro americanas, ni la vuelta del liderazgo de las grandes tecnológicas, ni la mejora de las perspectivas económicas del resto del mundo… En renta variable, con Asia entre las más perjudicadas del anuncio arancelario, y buscando un sesgo algo más defensivo y valoraciones atractivas, venderíamos la posición en Vietnam y compraríamos inmobiliarias europeas. Con escenarios más adversos (recesión) no suficientemente cotizados, no vemos conveniente aún aumentar el nivel de riesgo. Atentos a las reacciones de países y empresas. Para algunos, el esquema más agresivo de Trump no es sino “punto de partida para forzar a negociar”. Aunque en la mente de Trump la intención es la de devolver a EE.UU. capacidad manufacturera. Y esto último no puede lograrse sino con incentivos importantes para que las empresas fabriquen en territorio americano, lo que podría pasar por aranceles elevados y mantenidos en el tiempo.
Ampliar Noticia