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Miércoles, 1 de Julio de 2026

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Cotizaciones

Los mercados emergentes afrontan una transformación estructural

Más fuertes y resistentes a las crisis externas. Así podemos resumir la trayectoria de los mercados emergentes en estos últimos años.

Los mercados emergentes afrontan una transformación estructural

Los factores estructurales de muchas economías emergentes han mejorado en la última década, gracias a la profunda transformación que han experimentado estas regiones. Las posiciones presupuestarias se han fortalecido, los bancos centrales han ganado credibilidad, la gobernanza empresarial ha mejorado y los mercados de capitales nacionales se han consolidado. Este es un aspecto fundamental también para los valores de renta variable, ya que los motores del crecimiento se han diversificado; la inteligencia artificial y la innovación se han convertido en factores clave del crecimiento, además de la demanda interna y los intercambios comerciales entre los países emergentes.

Desde principios de 2025, las acciones de los mercados emergentes han superado al índice MSCI World en cerca del 37%, a pesar del impacto de los aranceles y la prolongación del conflicto en Oriente Medio. La volatilidad se ha mantenido notablemente contenida, la fuga de capitales ha sido limitada y las divisas se han mantenido sustancialmente estables, incluso durante los periodos de renovado fortalecimiento del dólar. Mercados que antes eran conocidos por su fragilidad se han convertido en auténticos amortiguadores de las crisis. 

Las acciones de los mercados emergentes han registrado una rentabilidad superior más marcada y duradera en comparación con los mercados desarrollados durante los últimos lustros. Esta divergencia no indica una anomalía temporal, sino un cambio estructural. La demanda interna y las exportaciones de alta tecnología han sustituido al consumo occidental como principal motor de crecimiento; las reformas de gobernanza están reduciendo la prima de riesgo y las empresas de los mercados emergentes se sitúan en el centro de temas como la inteligencia artificial y la seguridad energética, que darán forma al próximo ciclo económico.

Consideramos que el mayor riesgo para los inversores hoy en día ya no es la exposición excesiva a los mercados emergentes, sino una asignación baja en las carteras, como venía siendo lo habitual, teniendo en cuenta que las hipótesis que justificaban pequeñas asignaciones han quedado obsoletas. Las acciones de los mercados emergentes han cambiado. Las carteras deberían reflejar esa realidad.

Una opción para exponerse a la renta variable emergente
Nosotros nos centramos en empresas para las que se prevén cambios de tendencia en la rentabilidad. Por ejemplo, la reciente mejora del ROIC, que aún no se refleja en las valoraciones actuales, representan una oportunidad de inversión especialmente atractiva, siempre que cumplan también una serie de criterios fundamentales y de sostenibilidad. Esta estrategia tiene tres niveles de análisis: 
-En primer lugar, el equipo se centra en empresas con niveles de ROIC superiores a la media y sostenibles a largo plazo, lo que requiere que el percentil del ROIC medio ponderado de la cartera sea, como mínimo, del 75%. 
-En segundo lugar, evalúa el posicionamiento sectorial, seleccionando empresas con una fortaleza competitiva superior a la media, capaces de mantener su rentabilidad dentro del primer y segundo cuartil de sus respectivos sectores. 
-En tercer lugar, identifica oportunidades de valoración en las que la mejora de los fundamentales —medida en términos de ROIC— aún no se haya descontado en los precios. Por último, todas las inversiones deben cumplir nuestros requisitos mínimos en materia de rendimiento ESG. El objetivo de esta evaluación es mejorar el perfil de riesgo de la cartera.

Desde el punto de vista geográfico, dejamos que sea el conjunto de oportunidades identificadas mediante un enfoque ascendente el que guíe nuestra exposición por países, centrándonos en empresas que ofrezcan una rentabilidad en crecimiento a valoraciones razonables. Al mismo tiempo, imponemos restricciones para evitar una concentración excesiva en determinados factores o países. Este enfoque suele dar lugar a una cartera bien diversificada y equilibrada. Aunque las asignaciones pueden diferir de las ponderaciones del índice de referencia, suelen mantenerse dentro de un margen razonable, ya que los mercados tienden a reflejar el crecimiento de los beneficios subyacentes a lo largo del tiempo, si bien son posibles desviaciones selectivas cuando las oportunidades resultan especialmente atractivas. 

Por su parte, a nivel temático, entre los valores de los mercados emergentes cada vez son más frecuentes los líderes mundiales en tres sectores de crecimiento estructural. En primer lugar, las infraestructuras para la inteligencia artificial: Taiwán, Corea del Sur e incluso China se encuentran en el centro de la cadena de suministro de semiconductores y hardware que sustenta las inversiones de capital de los hiperescaladores, mientras que la mayor demanda impulsada por la inteligencia artificial sustenta los equipos para la energía, las redes eléctricas y los centros de datos en toda Asia.

Por otra parte, está la seguridad energética: Los precios más elevados y volátiles de los combustibles fósiles aceleran las inversiones en electrificación, energías renovables y materiales críticos, segmentos en los que las empresas de los mercados emergentes ocupan posiciones competitivas». Y, por último, las reformas de la gobernanza empresarial en toda Asia están empezando a generar valor para los accionistas, revirtiendo años de dilución mediante dividendos más elevados, recompras de acciones propias y una mayor disciplina patrimonial.

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