Los inversores han de enfrentarse a numerosas incertidumbres en 2026. Las guerras en Oriente Próximo y Ucrania, los conflictos comerciales en las principales regiones económicas del mundo, el temor creciente al impacto de la inteligencia artificial y las profundas divisiones políticas en Estados Unidos y otros países hacen que sea difícil separar las emociones de las decisiones de inversión.

La guerra de Irán ha sido el ejemplo más reciente. No pasa un día sin que leamos un nuevo e inquietante titular sobre un posible alto el fuego o en el que se hable de los elevados precios del petróleo o de la amenaza de nuevas acciones militares. El panorama es realmente desalentador. Pero eso no es nuevo. En momentos como este, siempre intento recordar que los tiempos difíciles también pueden traer consigo atractivas oportunidades de inversión para los inversores pacientes a largo plazo.
Llevo casi cuarenta años en el sector, y he estado contando el número de crisis de mercado a las que me he tenido que enfrentar a lo largo de estos años. He contado unas veinticinco, lo que significa que, de media, durante mi trayectoria profesional se ha producido un episodio de tensión en los mercados cada año y medio. No digo que haya que alegrarse cuando las cosas se complican. Lo que digo es que no debemos olvidar lo que eso significa. Hay que recordar que estos periodos pueden traer consigo oportunidades de inversión, gracias a la caída de las cotizaciones. Y, sobre todo, lo que nunca hay que olvidar es que vendrán tiempos mejores.
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