Estamos empezando a observar comportamientos más extremos y valoraciones exigentes en los mercados de renta variable. Se habla mucho de la concentración de los índices, pero eso pasa por alto el verdadero problema. De hecho, en comparación con años anteriores, la evolución de la renta variable ha dependido menos de los «7 Magníficos» y, de hecho, en conjunto, este grupo de valores se ha mantenido estable en lo que va de año.

En realidad, la concentración ha sido mucho más relevante en términos de contribución a la rentabilidad de los índices: este año, 20 valores del MSCI ACWI han representado el 74 % de la rentabilidad total del índice, con subsectores vinculados con la IA, como el de la memoria, actuando como algunos de los principales impulsores de esta tendencia. Los mercados persiguen a cualquier empresa de equipamiento tecnológico relacionada con centros de datos para IA y, en muchos casos, están capitalizando estos beneficios mediante múltiplos elevados.
Además, la exposición a la temática de la IA se extiende a los mercados privados y, cada vez más, a determinadas áreas de los mercados de crédito. Esto significa que las carteras podrían estar menos diversificadas de lo que sugieren las etiquetas de las distintas clases de activos. Se trata de una preocupación clave para nuestros inversores. Nuestro último Estudio Global de Perspectivas de Inversión de Schroders 2026 reveló que la diversificación es uno de los principales objetivos de cartera para el 84 % de los encuestados. ¿Cómo deberían gestionar este riesgo los inversores?
Varios clientes me han preguntado por la posibilidad de asignar capital a índices equiponderados como forma de reducir la exposición concentrada a la IA. Me temo que esta herramienta es demasiado burda. Es posible que los riesgos específicos de determinados valores asociados a contribuciones concentradas a la rentabilidad no queden cubiertos de forma eficaz mediante valores no relacionados y seleccionados de forma arbitraria. La equiponderación puede introducir sesgos de estilos no deseados, como balances más débiles, mayor apalancamiento, mayor sensibilidad a los tipos de interés, beneficios más volátiles, menor rentabilidad y una liquidez reducida.
En este punto, me inclinaría por la diversificación por estilos como medio para gestionar el riesgo a la IA y aumentar la resiliencia de la cartera. En este sentido, las tendencias recientes han sido extremas. En los últimos 12 meses, el estilo «Momentum» ha subido un 33 %, frente al 17 % del estilo «calidad» (quality) y al 21 % del estilo «valor» (value). Las empresas de alta calidad cotizan ahora a valoraciones que parecen atractivas en comparación con su propia evolución histórica (véase el gráfico siguiente).
El catalizador de esta desconexión en las valoraciones es un temor generalizado al cambio y a la disrupción provocados por la IA generativa y la nueva competencia que esta permite. Actualmente, el mercado está descontando un crecimiento muy bajo para muchas empresas excepcionales, pero la historia y nuestro propio análisis fundamental sugieren que, en muchos casos, este temor es injustificado.
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