El principal acontecimiento macro de esta semana es la esperada cumbre Trump-Xi, del 13 al 15 de mayo. Además de la cumbre principal, también tendrán lugar varias negociaciones paralelas, incluida la visita del secretario del Tesoro, Scott Bessent, a Japón, y la reunión de los principales negociadores comerciales de EE. UU. y China en Corea antes de la cumbre.

Puntos clave
- Las expectativas de un gran acuerdo integral entre EE. UU. y China esta semana son relativamente bajas, dado que este es el primero de varios puntos de contacto entre ambos líderes este año.
- Esperamos que ambas partes reiteren su tregua comercial, mientras que EE. UU. probablemente recalibre su enfoque arancelario tras el reciente fallo sobre la IEEPA.
- Nuestro escenario base es que se prorrogue el acuerdo de Busan de 2025, con aranceles efectivos sobre China sin cambios, en torno al 25%-30%.
El principal acontecimiento macro de esta semana es la esperada cumbre Trump-Xi, del 13 al 15 de mayo. Además de la cumbre principal, también tendrán lugar varias negociaciones paralelas, incluida la visita del secretario del Tesoro, Scott Bessent, a Japón, y la reunión de los principales negociadores comerciales de EE. UU. y China en Corea antes de la cumbre.
Las expectativas de un gran acuerdo integral entre EE. UU. y China son bastante bajas, ya que este es el primero de varios puntos de contacto entre ambos líderes este año. Habrá una cumbre de APEC en Shenzhen, la reunión del G20 en Miami y una posible visita recíproca del presidente Xi a EE. UU. a finales de este año, a medida que continúen las negociaciones.
¿Qué esperamos?
Dada la variedad de asuntos pendientes de tratar —incluidos comercio, tecnología, controles sobre las cadenas de suministro y cuellos de botella (así como otros temas geopolíticos, como Taiwán e Irán)—, esperamos que la conversación entre líderes sea más estratégica y de carácter general. El trabajo preparatorio previo a la cumbre fue limitado y creemos que los resultados concretos también podrían ser modestos, centrándose más en orientaciones cualitativas que en medidas de política específicas.
Nuestra lectura de los medios y de las comunicaciones oficiales indica que la agenda bilateral probablemente estará dominada por cuestiones geopolíticas, como acelerar una resolución en Oriente Medio y facilitar la reapertura del estrecho de Ormuz. Las cuestiones relativas a Taiwán también podrían ser tema de conversación, aunque tenemos expectativas moderadas de que se logre algún avance significativo.
En materia de comercio y aranceles, esperamos que el mensaje clave sea la reiteración de la tregua comercial, mientras que EE. UU. podría tratar de reconstruir sus “muros arancelarios” tras el fallo sobre la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional (IEEPA) y el próximo vencimiento de la Sección 122. China probablemente aceptará ampliar sus compras de productos agrícolas y energéticos estadounidenses a cambio de algunas concesiones, como un alivio arancelario. Las conversaciones sobre las exportaciones de bienes tecnológicos y el control de las exportaciones de tierras raras pueden ser más complejas, pero esperamos estabilidad en el corto plazo mientras ambos países continúan reduciendo riesgos en sus respectivas cadenas de suministro.
En conjunto, nuestro escenario base es que se prorrogue el acuerdo de Busan de 2025 y que se mantengan los arreglos actuales en materia de tecnología y cadenas de suministro, con aranceles efectivos de EE. UU. sobre China sin cambios, en torno al 25%-30%.
¿Qué ha ocurrido?
La semana pasada, el Tribunal de Comercio Internacional anuló, por 2 votos a 1, los aranceles globales del 10% impuestos en virtud de la Sección 122. Estos aranceles se introdujeron como un sustituto más suave de los aranceles de la IEEPA, que fueron invalidados en febrero, lo que supone otro revés para la estrategia arancelaria de la Administración Trump.
El tribunal dictaminó que no se había cumplido el umbral legal para utilizar la Sección 122, en concreto, que no existía una crisis de balanza de pagos que cumpliera los requisitos. Esto refuerza el rechazo judicial previo al uso de poderes ejecutivos de tipo “emergencia” para imponer aranceles amplios.
Es importante destacar que no se trató de una medida cautelar de alcance universal. El fallo se aplica de forma limitada solo a los demandantes, por lo que, por ahora, los aranceles generales del 10% siguen vigentes.
¿Qué viene ahora?
La Administración Trump ya ha recurrido y, según los precedentes, es probable que obtenga una suspensión mientras el caso avanza en instancias superiores. Esto probablemente mantendría los aranceles en vigor durante el proceso judicial.
Dicho esto, las medidas de la Sección 122 son temporales. Están limitadas a 150 días salvo prórroga del Congreso y ya estaban previstas para expirar el 24 de julio. Es posible que el proceso de apelación se prolongue más allá de esa fecha. Para entonces, esperaríamos que la Administración reconstruyera los muros arancelarios utilizando vías legales más duraderas, en particular la Sección 301 y la Sección 232. La USTR ya ha iniciado investigaciones sobre excesos de capacidad estructurales en 16 economías, orientadas a recrear los aranceles de la IEEPA que los tribunales anularon. También se están poniendo a prueba algunos acuerdos arancelarios existentes, con EE. UU. planeando elevar de nuevo los aranceles a los automóviles de la UE del 15% al 25%.
En esencia, el fallo no descarrila el destino final de la política comercial de EE. UU. Sin embargo, el camino hacia ese destino se está volviendo más volátil y costoso a medida que la Administración busca una base legal más sólida.
Implicaciones económicas: lo que es una ventaja para el sector privado es un problema para el Gobierno
Aunque la estrategia a largo plazo se mantiene intacta, la principal implicación a corto plazo es que, si el fallo definitivo invalida los aranceles de la Sección 122, el Gobierno probablemente tendría que devolver los derechos recaudados bajo ellos, incluso si los aranceles ya han expirado. Esto reflejaría el proceso de reembolso que ahora está comenzando para los aranceles de la IEEPA invalidados.
Los aranceles del 10% de la Sección 122 añaden alrededor de 3 a 4 puntos porcentuales a la tasa arancelaria efectiva y han recaudado aproximadamente 8.000 millones de dólares al mes. En 150 días, ello implicaría unos 40.000 millones de dólares en posibles devoluciones, además de los 150.000 a 170.000 millones de dólares estimados vinculados a los aranceles de la IEEPA.
Para los importadores y las pequeñas empresas, esto supondría un impulso relevante de liquidez, especialmente a medida que la economía absorbe el shock del petróleo. No está claro si las empresas trasladarán este colchón a los consumidores manteniendo bajos los precios finales, pero, en cualquier caso, supone un apoyo para el sector privado. Para el Gobierno federal, sin embargo, empeora un panorama fiscal ya de por sí exigente.
La recaudación arancelaria ya ha caído casi un 30% desde su máximo de octubre hasta situarse en torno a 25.000 millones de dólares al mes en abril. La tasa arancelaria efectiva también ha descendido aproximadamente al 7%, desde un máximo de seguimiento cercano al 12%. Esto está por debajo tanto de las proyecciones de la Congressional Budget Office (CBO) como de nuestras estimaciones anteriores. Si se combina con las obligaciones de reembolso, la brecha frente a las proyecciones actuales podría superar los 250.000 millones de dólares en el ejercicio fiscal, o aproximadamente el 0,8%-0,9% del PIB. Aunque esto apoye el crecimiento, este deterioro de los ingresos es inequívocamente negativo para las perspectivas fiscales.
Según nuestras estimaciones actuales, el déficit de EE. UU. podría ampliarse por encima del 6,5% del PIB cuando acabe el ejercicio 2026, frente al ~5,8% del escenario base.
¿Importa esto para la reunión Trump-Xi?
El fallo puede debilitar marginalmente la base legal de la Administración, pero es poco probable que cambie la dirección política de la política comercial de EE. UU. Para la reunión Trump-Xi de esta semana, la cuestión más relevante es si ambas partes ven valor en una desescalada táctica. El fallo judicial añade ruido legal, pero todavía no supone un cambio decisivo en el poder de negociación.