En los últimos días, el carácter del conflicto en Irán ha vuelto a cambiar. Lo que empezaba a parecer una posible vía de salida (tras el giro de Trump del lunes 23 de marzo y la ampliación hasta el 5 de abril de la amenaza de destruir centrales eléctricas iraníes) está derivando ahora hacia una fase de escalada más desordenada -aunque cada vez más telegrafiada. Las preguntas sobre cómo se resolverá este conflicto y a qué coste (a corto y a medio plazo) siguen siendo críticas.

1. Las negociaciones se estancan y la escalada gana probabilidad
Los esfuerzos de mediación -en particular los liderados por Pakistán y apoyados por actores regionales- parecen haberse quedado sin impulso. Al mismo tiempo, el conflicto se está ampliando. La actividad de misiles hutíes contra Israel refuerza el riesgo de desbordamientos regionales, incluso cuando puntos de estrangulamiento clave como Bab el‑Mandeb siguen operativos (por ahora).
Las señales de Estados Unidos siguen siendo inconsistentes. El mensaje oscila entre negociación y escalada, dejando una claridad limitada sobre la vía inmediata pretendida. Al mismo tiempo, el despliegue de marines en el teatro de operaciones introduce riesgos claros de escalada. El objetivo operativo sigue sin estar claro, pero el debate se ha centrado en dos posibilidades: una intervención vinculada a la extracción de activos de uranio enriquecido o una acción dirigida contra la isla de Kharg.
De las dos, parece más probable un movimiento sobre instalaciones de uranio enriquecido. Atacar Kharg implicaría el riesgo de abrir un frente más directo y amplio, con implicaciones inmediatas para los flujos de energía. Aun así, cualquier forma de presencia de tropas estadounidenses sobre el terreno representaría una escalada material. Las variables críticas serían el alcance, la duración y la claridad del estado final buscado.
2. Cambio de escenario: hacia una escalada telegrafiada en lugar de una destrucción generalizada de la infraestructura energética en Irán y el Golfo
Ahora evaluamos que el conflicto ha rebasado los límites de nuestro posible Escenario 2 (una escalada progresiva sin colapso del régimen iraní) y ha entrado en una fase que se caracteriza como una escalada telegrafiada.
No se trata de una escalada totalmente descontrolada o caótica. Está señalizada y, en cierta medida, gestionada con riesgos asociados de posibles errores de cálculo. La ausencia de una destrucción generalizada de infraestructuras en la comunicación de ambas partes sugiere que sigue existiendo contención.
Los riesgos de cola han aumentado con respecto a nuestra última nota, pero son distintos de los que prevalecían el fin de semana anterior. Al mismo tiempo, escalada y resolución ya no son mutuamente excluyentes. En nuestra opinión, la vía más probable es aquella en la que una mayor escalada se utiliza para forzar un desenlace, aunque sea incompleto, desordenado o inestable.
3. El Estrecho y el “día después”
El estrecho de Ormuz sigue estando, en la práctica, en disputa. El tráfico continúa a paso de caracol, pero bajo condiciones restringidas e inciertas determinadas por Irán (por ejemplo, Pakistán negoció el paso de 20 petroleros por el Estrecho, que el presidente Trump calificó de “regalo”). Incluso en un escenario de resolución, es poco probable que Irán renuncie por completo a esta palanca, especialmente teniendo en cuenta lo degradada que está ahora su capacidad militar tras los bombardeos sostenidos de Estados Unidos e Israel.
Un resultado más plausible es que el Estrecho se reabra en los términos de Irán, potencialmente con formas de control o “precio” (tácito o explícito) sobre los flujos. Eso podría incluir peajes informales, disrupción selectiva o primas de riesgo persistentes. Los informes sugieren que los planificadores militares occidentales no ven ninguna solución militar (salvo un cambio de régimen en Irán) para lograr una apertura incondicional del Estrecho.
Esto importa porque la mayoría de los flujos que atraviesan el Estrecho se destinan a Asia, siendo China el mayor consumidor final. Por tanto, la carga económica de la disrupción recae de forma desproporcionada sobre las economías asiáticas, más que sobre Estados Unidos, algo que también se refleja en la valoración relativa de los mercados.
El “día después” es poco probable que se parezca al statu quo anterior al conflicto. La arquitectura de seguridad de los flujos energéticos del Golfo ha cambiado, en cierta manera, de forma estructural.
4. Energía y macro: persistencia frente a colapso
Seguimos trabajando con una hipótesis del barril de Brent en torno a 85 dólares para el resto del año. Esto refleja una prima geopolítica persistente más allá de una resolución inmediata de la guerra.
Una normalización rápida de los precios del petróleo hacia el rango de los 40–50 dólares (de la que se habla en algunos ámbitos) requeriría una resolución limpia, un Irán integrado internacionalmente y el consiguiente colapso de las primas de riesgo. Dada la complejidad del entorno actual, ese resultado nos parece extremadamente optimista.
Al mismo tiempo, aunque los mercados físicos de energía están sometidos a una tensión severa, todavía no estamos en un escenario de pérdida sostenida y a gran escala del suministro, ya que eso exigiría daños generalizados a la infraestructura energética y un cierre completo del Estrecho mediante minas (o medidas similares).
5. Asia en el epicentro
La transmisión económica se está concentrando cada vez más en Asia, seguida de Europa.
Las respuestas de política económica en la región han sido rápidas y pragmáticas. Los gobiernos han desplegado una combinación de topes de precios, subsidios, controles a la exportación y liberaciones de reservas estratégicas para limitar el traslado a los precios domésticos del combustible. En las economías más vulnerables están surgiendo medidas del lado de la demanda, incluidas el racionamiento energético y ajustes de comportamiento.
Estas intervenciones están, por ahora, conteniendo el impacto inflacionario inmediato. Sin embargo, si los precios elevados de la energía persistiesen, la carga cambiaría. La capacidad fiscal no es ilimitada y los bancos centrales podrían verse obligados a volverse menos dovish con el tiempo.
A más largo plazo, este episodio refuerza el argumento a favor de la diversificación. Es probable que las renovables, la nuclear y, en algunos casos, un regreso al carbón, ganen más peso en los debates y la planificación de políticas, a medida que los riesgos de los puntos de estrangulamiento pasan a ser centrales en las evaluaciones.
6. Señales de mercado: tensión en Asia y respuesta política en construcción
Las bolsas asiáticas siguen de capa caída, con el índice MSCI Asia Pacific cayendo con fuerza durante la semana pasada y manteniendo la presión a la baja al inicio de esta. La presión sobre las divisas es evidente, especialmente en economías sensibles al petróleo como la India y Tailandia.
Las respuestas políticas se están intensificando. El banco central de la India ha pasado a limitar las posiciones abiertas en divisas en un esfuerzo por estabilizar la rupia. En Japón, las autoridades han escalado la intervención verbal a medida que la debilidad del yen eleva las preocupaciones de inflación, con su banco central adoptando un tono más vigilante.
Los mercados de bonos han sido menos direccionales después de centrarse en la inflación la semana pasada y ahora empiezan a equilibrar las preocupaciones de crecimiento frente a los riesgos inflacionarios.
7. Actores externos y complejidad del desenlace
Las opiniones de China se están haciendo más visibles. Su implicación en los esfuerzos de mediación de Pakistán introduce otra capa en las dinámicas de las grandes potencias en el conflicto.
Dada la exposición de China a los flujos energéticos del Golfo, tiene un fuerte incentivo para apoyar la estabilización ya que, pese a contar con colchones energéticos significativos, está expuesta al riesgo de una recesión global. Cualquier evolución adicional aquí será importante de vigilar, dada la relación estratégica del país con Irán.
Conclusión
Estamos entrando en una fase de escalada bastante telegrafiada pero dramática, con una mayor probabilidad de una resolución desordenada.
Los riesgos de cola han aumentado de una manera distinta a la del fin de semana anterior, pero también ha aumentado el incentivo para que todas las partes contengan el conflicto, dada la escala y amplitud de la disrupción. En nuestra opinión, el desenlace probable no será un final limpio, sino una resolución negociada y desordenada que dejará tensiones subyacentes sin resolver e Irán con un poder de influencia continuado sobre el Estrecho.
Es poco probable que los mercados energéticos vuelvan rápidamente a los precios anteriores al conflicto. En nuestra opinión, cierta prima geopolítica permanente ya está incorporada en los mercados energéticos, y la carga del ajuste está recayendo con más fuerza sobre la Asia dependiente de la energía del Golfo, seguida de Europa. Estados Unidos permanece relativamente más aislado, pero unos mayores precios energéticos son un factor macro que afectará a su crecimiento, inflación y resultados de su política económica.