Consideraciones varias aparte, lo que tenemos ante nosotros equivale a una verdadera política cambiaria experimental. Una que puede cambiarlo todo.

Consideraciones varias aparte, lo que tenemos ante nosotros equivale a una verdadera política cambiaria experimental. Una que puede cambiarlo todo. De forma irónica, muchos de los regímenes autoritarios más sanguinarios no caen por las armas, sino por su incapacidad de comprender el peso de la economía. ¿Podría ser Irán el próximo ejemplo? Es posible.
Irán sigue necesitando divisas para importar bienes esenciales, insumos industriales, medicamentos, componentes y alimentos; pero tras la destrucción de la moneda, acceder a esas divisas en las cantidades necesarias se vuelve.
Muchos de ustedes se preguntarán: ¿qué importancia tiene una depreciación, por importante que sea, en una economía semicerrada y con un régimen militarista? Ya les adelanto que mucha. Si Irán fuera una economía abierta y financieramente integrada, el canal dominante suele ser la fuga absoluta de capitales y el encarecimiento imposible de la deuda externa. Pero en Irán no hay ni capitales extranjeros ni deuda externa (toda se financia con bancos domésticos). Sin embargo, no debemos perder de vista que Irán sigue necesitando divisas para importar bienes esenciales, insumos industriales, medicamentos, componentes y alimentos. Aunque no lo crean, Irán importa una cantidad relevante del exterior. Los datos más fiables proceden del Banco Mundial (World Development Indicators), en donde se detalla que las importaciones de bienes y servicios en Irán representan el 26-28% del PIB (unos USD100bn). La media mundial está en un 47%. Significa que la economía iraní está menos integrada en el comercio mundial que la media global, pero no es una economía cerrada en sentido estricto.
Una primera conclusión podría ser que la menor integración de Irán en la economía global amortigua parte de los efectos externos de la destrucción de su moneda. Pero conviene no engañarse: se agravan los canales internos de transmisión y el daño se desplaza hacia dentro: escasez, hiperinflación, pérdida de toda señal de precios, omnipresencia del mercado negro (deja de existir una economía de mercado) y proliferación de tipos de cambio paralelos subsidiados. Mis colegas argentinos conocen bien este fenómeno; ese sistema de múltiples tipos de cambio que terminó por liquidar décadas de peronismo. En consecuencia, lo observado en la moneda iraní constituye un golpe económico de gran magnitud para el gobierno, con implicaciones potencialmente decisivas para su estabilidad.
Lo observado en la moneda iraní constituye un golpe económico de gran magnitud para el gobierno, con implicaciones potencialmente decisivas para su estabilidad.
Sobre cuánto debilita políticamente al régimen, el alcance exacto no puedo confirmarlo con certeza solo a partir de los datos macro. Lo que sí puedo afirmar es que un salto en cualquier moneda como el observado en el Rial erosiona de forma severa la capacidad del régimen para “comprar estabilidad”. Hoy se hace imposible defender salarios y subsidios reales en el país. Y un régimen que pierde la capacidad estatal para sostener bienestar mínimo pierde legitimidad material, y con ello, quizás también los pocos apoyos que le quedaban. Siempre digo que los países obstinados en malas decisiones políticas rara vez rectifican por mera reflexión; suelen necesitar primero el pequeño detalle de tocar fondo.
En conclusión, para la Irán esta fuerte depreciación del rial es un problema de primer orden, no secundario. Y para el régimen representa una amenaza corrosiva que erosiona su capacidad de gobernar, contener el malestar y preservar su control.
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Alex Fusté
Economista Jefe de Andbank