El riesgo geopolítico vuelve a ocupar el centro del escenario. Los ataques coordinados de EE.UU. e Israel contra objetivos estratégicos en Irán que, según se ha confirmado, habrían acabado con la vida del líder supremo iraní, el ayatolá Alí Jamenei, marcan un punto de inflexión respecto a los episodios de tensión de 2024 y a la guerra de 12 días de 2025.

El alcance de la ofensiva y la posibilidad de un periodo de mayor inestabilidad interna y regional elevan la incertidumbre en un momento especialmente sensible para los mercados.
La reacción ha sido inmediata y coherente con el manual de los shocks geopolíticos: repunte del petróleo, fortalecimiento del dólar, presión sobre la renta variable y renovado interés por los activos refugio. Sin embargo, más allá del movimiento inicial, la cuestión clave para los inversores no es el impacto de corto plazo, sino si el conflicto puede afectar de forma persistente al suministro energético global y, con ello, a las expectativas de crecimiento e inflación.
El foco se sitúa en el estrecho de Ormuz, por donde transita aproximadamente el 20% del crudo y del gas natural licuado transportado por mar en el mundo. Aunque no se ha confirmado un cierre formal, el tráfico se ha visto alterado y las primas de seguro marítimo ya reflejan un aumento significativo del riesgo. En este contexto, las gestoras coinciden en que el verdadero impacto en los mercados dependerá menos de la intensidad de los titulares y más de si se produce una interrupción física y sostenida de los flujos energéticos.
Puntos clave para las carteras
Según las principales gestoras internacionales, estos son los elementos a tener en cuenta en el posicionamiento de cartera:
- El petróleo es la variable crítica: el impacto de mercado dependerá de si hay disrupción física y sostenida de la oferta, especialmente en el estrecho de Ormuz.
- Escenario base: repunte intenso pero potencialmente temporal del crudo, salvo escalada regional prolongada.
- Renta variable vulnerable a corto plazo, especialmente sectores cíclicos y sensibles a energía; preferencia por calidad y balances sólidos.
- Bonos del Tesoro de EE.UU. como prueba de fuego: si consolidan su papel refugio, pueden compensar parte del riesgo en cartera; "huida a la calidad" respalda también la deuda soberana con calificación AAA.
- Dólar fortalecido ante shock energético, especialmente si el impacto recae más en Europa y Asia.
- Oro como estabilizador táctico, pero sin asumir que la subida inicial sea estructural.
Petróleo: el termómetro del conflicto
El crudo se ha convertido, una vez más, en el principal canal de transmisión. Desde Julius Baer lo resumen con claridad: “El petróleo es un termómetro febril de la geopolítica y reacciona en consecuencia ante la escalada del conflicto en Oriente Medio”. Para la entidad, el escenario base sigue siendo el patrón habitual de las crisis geopolíticas: “Un repunte intenso de los precios del petróleo y el gas, pero de corta duración". Desde IG Italia se destaca que el US Crude llegó a registrar subidas cercanas al 9% tras el ataque, con picos en el entorno de 78 dólares.
Norbert Rücker, responsable de Economía e Investigación de Next Generation en Julius Baer, subraya que el escenario más temido no es tanto el cierre del estrecho como “daños graves en las infraestructuras clave de petróleo y gas de la región”. Por ahora, no se han reportado perjuicios significativos en instalaciones críticas y el mercado parece preparado para un escenario de interrupción parcial y temporal. Desde Janus Henderson, Adam Hetts, director global de multiactivos, coincide en que los niveles actuales del crudo apuntan todavía a un conflicto limitado. Recuerda además que subidas hacia los 80-90 dólares ya se vieron en episodios anteriores sin provocar un deterioro estructural de los mercados.
Sin embargo, Paolo Zanghieri, economista senior de Generali Investments advierte de que el cierre efectivo de Ormuz podría reducir la producción mundial entre un 15% y un 20%. En ese escenario, evitar que el crudo supere los 100 dólares dependería de la reapertura de la ruta marítima. Aunque la OPEP+ ha anunciado aumentos de producción y existe capacidad excedentaria, la clave está en la logística y en la seguridad de tránsito.
Fidelity International estructura el análisis en tres escenarios. En el escenario base, prevé una prima geopolítica elevada con el Brent moviéndose entre 80 y 95 dólares, mientras que el WTI permanecería relativamente más contenido gracias a la flexibilidad de la oferta estadounidense. En un escenario de escalada progresiva, el Brent podría situarse entre 90 y 110 dólares. Solo en un escenario extremo de interrupción efectiva del estrecho de Ormuz el petróleo podría superar los 120 dólares en la reacción inicial.
Por su parte, Samy Chaar, economista jefe de Lombard Odier expone que, en su escenario base, la inflación en EE.UU. subiría ligeramente en 2026 (del 2,5% al 2,6%) sin alterar el crecimiento ni el escenario de tres recortes de la Fed. En el escenario adverso, el crecimiento se vería afectado y la tarea del banco central se complicaría, especialmente si el desempleo superara el 5,5%. Anthony Willis, economista senior del equipo de Soluciones Multiactivos de Columbia Threadneedle también evalúa el riesgo de interrupción prolongada en Ormuz y advierte de que una interrupción sostenida amplificaría los riesgos inflacionistas y podría obligar a los bancos centrales a revisar el calendario y la magnitud de los recortes de tipos.
Renta variable: prima de riesgo, pero ¿corrección estructural?
En bolsa, el movimiento responde más a una revalorización de riesgos que a un cambio de fundamentales. Christian Schulz, economista jefe de AllianzGI, señala que los mercados afrontan “un shock significativo, aunque todavía no desestabilizador,” y anticipa que “la renta variable podría registrar una corrección brusca, aunque potencialmente de corta duración”.
Desde Julius Baer, Mathieu Racheter, Head of Equity Strategy, insiste en que el canal determinante no es el comercio directo, sino la energía: “Para la renta variable, el principal canal de transmisión es la energía, más que la exposición comercial directa”. Recuerda además que las valoraciones actuales, especialmente en Europa, dejan “un margen limitado para las decepciones”, lo que aumenta la vulnerabilidad a corto plazo.
La historia ofrece cierto consuelo: los shocks geopolíticos en Oriente Medio han tendido a provocar caídas intensas pero breves. No obstante, el contexto actual introduce un matiz distinto: el objetivo explícito de cambio de régimen y la magnitud de los ataques. Para los profesionales, el mensaje es claro: disciplina y sesgo defensivo. Desde Julius Baer abogan por un sesgo hacia compañías de calidad, con balances sólidos, capacidad de fijación de precios y flujos de caja resilientes. Por otro lado desde Janus Henderson insisten en evitar decisiones reactivas ante los titulares y mantener la diversificación.
Renta fija: prueba para el activo refugio por excelencia
El comportamiento de los bonos del Tesoro estadounidense será uno de los principales termómetros de la crisis. Dario Messi, responsable de análisis de renta fija en Julius Baer, considera que estamos ante “una prueba para el bono del Tesoro estadounidense” en su papel de activo refugio.
Aunque el repunte del petróleo eleva las expectativas de inflación, la entidad subraya que este año la sensibilidad de los rendimientos al crudo ha sido limitada, especialmente cuando el shock responde a restricciones de oferta y no a un exceso de demanda. En ese caso, “los flujos hacia activos refugio suelen pesar más que el temor a la inflación”.
AllianzGI coincide en que los Treasuries podrían apreciarse, mientras que un endurecimiento de las condiciones financieras complicaría las decisiones de los bancos centrales, en particular si el alza energética se traduce en un repunte sostenido de las expectativas de inflación.
Por su parte, Fidelity apunta que un movimiento típico de “huida a la calidad” podría seguir respaldando la deuda soberana con calificación AAA, aunque observa una diversificación creciente fuera de los Treasuries como único refugio dominante. La ampliación de diferenciales podría generar oportunidades selectivas en crédito de alta calidad.
Divisas y oro en el centro del ajuste
El primer movimiento tras la escalada ha sido claramente defensivo. Más allá del repunte del petróleo, el ajuste se ha trasladado con rapidez a las divisas y al oro, en un patrón que recuerda a episodios anteriores de tensión geopolítica.
El dólar ha vuelto a ganar protagonismo. Según el Lee Hardman, Senior Currency Analyst de MUFG Bank, el índice dólar ha superado nuevamente el nivel de 98 puntos, impulsado por el aumento del precio del crudo y por la búsqueda de activos seguros. La entidad advierte de que un shock energético más prolongado podría reforzar aún más al billete verde, ya que las economías europeas y asiáticas sufrirían un mayor deterioro de sus términos de intercambio que EE.UU. El precedente de 2022 mostró cómo un encarecimiento sostenido de la energía puede traducirse en una apreciación significativa del dólar.
En paralelo, el oro ha reaccionado siguiendo el manual habitual en contextos de incertidumbre. Carsten Menke, de Julius Baer, señala que se ha demostrado que, tras la escalada, ocurren subidas iniciales, aunque con un potencial limitado si no se produce una disrupción real y duradera del suministro energético. Históricamente, recuerda, comprar oro el mismo día del estallido de un conflicto no suele ser la estrategia más rentable a un mes vista. Con todo, mantiene una visión constructiva sobre el metal por su capacidad de aportar estabilidad en entornos de volatilidad elevada.
En definitiva, la intensidad y duración del shock determinarán si este giro hacia el refugio es táctico y transitorio o marca un cambio más profundo en el posicionamiento de los inversores.
El mensaje para cartera: escenarios, no titulares
El denominador común entre las gestoras es la prudencia táctica sin perder el enfoque estratégico. Invesco subraya que los mercados solo reaccionan de forma sostenida cuando cambian los fundamentales de crecimiento e inflación .
Si el conflicto no deriva en una interrupción significativa de la oferta global de crudo y gas, la experiencia histórica sugiere que el impacto podría diluirse en semanas. Pero si se materializa un escenario de bloqueo prolongado o ataques a infraestructuras críticas, el ajuste podría ser más profundo, con implicaciones claras en inflación, tipos y activos de riesgo. La conclusión es doble: mantener carteras diversificadas, con exposición a activos de calidad y refugio, y evitar decisiones precipitadas en función de titulares.