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Jueves, 29 de Septiembre de 2022

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JPM

Cotizaciones

"Tal vez dure más tiempo del que nos gustaría."

El mundo en el que vivimos se ha hecho más impaciente, temerario y frágil, a medida que han ido pasando las décadas. La madurez está llena del sentido del deber, paciencia, generosidad y perspectiva.

Los mercados de capitales en su operativa y funcionamiento, se han visto impactados por los abrumadores cambios sociales y tecnológicos de las últimas décadas. La tecnología ha permitido que se opere más rápido, con mayor número de operaciones y todo ello a escala global. En principio estos avances son mejoras sustanciales respecto a los años 90, pero también tiene sus inconvenientes, de la mano de la falta de educación financiera de muchos inversores, falta de experiencia o ambición desmedida, que se ha visto alimentada por los años de dinero fácil y gratis que hemos vivido.

Esta semana se cumplía en XIV aniversario de la quiebra de Lehman y del comienzo oficial de la crisis financiera más grave que hemos vivido en este siglo. Desde ese momento y hasta la actualidad, los mercados de capitales han estado impulsados por una creación de liquidez extrema, que ha hecho olvidar a muchos profesionales y sobre todo a muchos inversores, los principios básicos de la inversión y de la gestión de los patrimonios.

El primero de los principios básicos es el horizonte temporal. Si los inversores no concretan el tiempo al que invierten, al tiempo que son fieles a ese horizonte temporal, fallan estrepitosamente en los resultados que pueden obtener. Otro de los principios básicos es la diversificación. Está debemos entenderla como variedad de activos y estilos de gestión, que nos permitan reducir los riesgos, sobre todo la volatilidad, pero también la posible quiebra del patrimonio.

El tener liquidez diaria, tal y como permiten los activos cotizados y sobre todo los fondos de inversión, es un arma de doble filo. Tiene la ventaja de poder hacer gestión activa, tanto desde el punto de vista estratégico como táctico, pero tiene el inconveniente del seguimiento diario de la valoración de los activos de la cartera, para aquellos inversores que no tienen un control absoluto de sus emociones, o que olvidan los otros principios básicos de la inversión.

Las caídas del año 2018, con la guerra comercial entre EEUU y China, se recuperaron en 2019. En el año del Covid, las carteras bien diversificadas, que supieron incluir valores de la nueva economía, que subieron de forma abrupta, combinados con los de la vieja economía, consiguieron cerrar el año en positivo. Durante 2021, las subidas también fueron generalizadas, aunque ya todos empezamos a vislumbrar que las medidas que habían resucitados las economías por segunda vez, desde 2008, no serían inicuas.

Este año asistimos a la tormenta perfecta, de subidas de tipos, inflación, crisis energética, desaceleración económica, junto con un pesimismo generalizado, porque la cuesta se está haciendo muy larga y empinada.

Para los que tengan la ansiedad de esperar que todo esto se va a resolver rápido, tal vez el final del camino y de la situación se les haga muy larga e insoportable, si no cambian su forma de interpretar el impacto en sus carteras. La sociedad se ha acostumbrado a quererlo todo “ya”, a que el horizonte temporal es sólo el presente y los sacrificios son para otros, no para nosotros a nivel individual.

La realidad que estamos viviendo es tozuda y será persistente. Por tanto, con nuestra inteligencia racional, vamos a valorar que los impactos sean haber perdido las ganancias de los dos años anteriores, pero mantengamos patrimonios, algo que no todos los inversores pueden celebrar. También hay que confiar en la gestión activa, que en todas las crisis ha superado los niveles de precios anteriores y esta no será diferente.

Como dicen los grandes expertos en gestión de patrimonios, años como este son los mejores para construir carteras a buenos precios, pensando en los próximos años. Esto es lo que hacen los gestores e inversores inteligentes, que no se paralizan ante las dificultades, que buscan las oportunidades y esperan a que estas maduren para dar su fruto en forma de rentabilidades atractivas.

Los caminos son claros, cada inversor debe decidir cual quiere seguir, el de la impaciencia y la toma de decisiones emocionales, o el paciente, racional, estratégico y experimentado. 

María Jesús Soto
Directora El Inversor Inquieto

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