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Miércoles, 8 de Julio de 2020

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JPM

Desconexión entre los mercados y la economía

El famoso refrán de que “ A nadie le amarga un dulce” va muy bien para lo que está sucediendo ahora mismo con los mercados financieros.

Desconexión entre los mercados y la economía

En las últimas semanas, cada vez son más las voces de expertos que se alzan para alertar sobre el comportamiento de los mercados financieros. Desde que el pasado 23 de marzo se marcasen los niveles mínimos del año para los principales índices bursátiles del mundo, la recuperación de buena parte de ellos, está siendo realmente fulgurante.

Entre todos ellos destaca el índice tecnológico Nasdaq, que marcó hace unas semanas su máximo histórico superando los 10.000 puntos, y a partir de ahí lucha por intentar mantenerlos. La bolsa China también destaca por encontrarse en positivo, siendo ese país el origen de la pandemia y la primera economía en recuperarse gradualmente. Las bolsas europeas están más baratas, en buena parte, porque los valores tecnológicos no tienen un peso importante y claramente han sido lo que han recogido buena parte del dinero de los inversores.

El FMI alertaba esta semana de su previsión sobre el impacto de la recesión mundial, ampliándolo hasta el 4,9%, frente al 3% previsto anteriormente. Para España la previsión no ha podido ser más demoledora, colocando a nuestro país como el que más impacto va a tener en la recesión, con más de un 12%, frente al 8% anterior. Respecto a EEUU, el presidente de la FED, hace un par de semanas, dejó claro que la economía no va a volver a niveles anteriores a la pandemia, por lo menos hasta finales de 2022, lo que supuso un jarro de agua fría para los inversores, que provocó una importante caída en las bolsas en esa sesión.

Desde ese momento, los índices luchan contra las noticias negativas en forma de rebrotes, conflictos comerciales y geopolíticos, así como datos macroeconómicos, que aunque esperanzadores, aún no tienen una clara visibilidad de que se consoliden.

No obstante, las ayudas financieras y fiscales de los Bancos Centrales y de los distintos países, están apuntalando los niveles de los índices, aunque para muchos analistas y economistas, las valoraciones de muchas empresas no se ajusten al análisis fundamental, es decir, a su solvencia y estimaciones de resultados.

La exuberancia de los mercados es indiscutible, pero no parece que sea irracional, que es lo que nos colocaría en una situación de extrema prudencia. Ahora simplemente estamos en la prudencia que exige una situación de estas características, en la que los gestores intentan mantener su ortodoxia de la buena gestión, no dejándose llevar por la exuberancia imperante, pero tampoco alarmándose demasiado, para no perderse el festival.

Los que corren más riesgo de dejarse llevar, como casi siempre, son los inversores poco experimentados o que toman sus decisiones de inversión por miedo o avaricia. En este caso el miedo sería el perderse las subidas, si ya se perdieron buena parte de las anteriores y la avaricia, en forma de querer ganar mucho más, no respetando su perfil de riesgo y la prudencia que esta situación conlleva.

Sea como sea, sin duda, una situación tan anómala como la actual, en la que el dulce sabor de las rentabilidades rápidas hacen olvidan a muchos, el amargor de las pérdidas, dejará a su paso cicatrices en los que toman las decisiones más con las emociones que con la razón.

Si hay algo que siempre es previsible, es precisamente eso, que los mercados nos enseñan que hay una gran diferencia entre las gestión de los profesionales a la de los inversores aficionados, por muy expertos que se consideren o incluso que lo sean. Las tormentas nunca son iguales, ni en el mar ni en los mercados, por eso siempre causan daños a todos los que están navegando. La diferencia está en quienes permanecen a flote y quienes se hunden y mueren.

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