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Domingo, 28 de Febrero de 2021

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JPM

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Cuatro bodas y un funeral

La necesidad de dejar todo ordenado antes de dejar este mundo.

Cuatro bodas y un funeral

A veces me acuerdo de títulos de películas que algo se relacionan con el tema que quiero comentar. Esta comedia británica pudo no ser un peliculón, pero viene a mi mente porque en estas semanas de mayo, nos encontramos en un momento comúnmente dominado por la BBC, esto es, bodas, bautizos y comuniones. Época de celebraciones en la estación primaveral.

La película también se refiere a momentos más tristes, que se prestan a menos celebración y que nos van a tocar de todos modos. Por eso, no quiero referirme a los funerales en sí mismos, pero sí a lo que se desencadena después, desde un punto de vista legal y económico.

Quizá no debemos preocuparnos si carecemos de bienes o dinero. Entiéndanme, no tener ni un duro no me parece algo para alegrarse. Pero si existe cierto patrimonio, ya sea empresarial o personal, es necesario valorarlo. Evidentemente, esto hay que tenerlo previsto, y por ello hablamos de prepararnos para ese momento a través de la planificación sucesoria. Un concepto genérico que habla de la realización de aquellas actuaciones, antes de que vayamos a dejar este mundo, con el fin de que todo quede organizado y evitar así, problemas posteriores para los herederos, sean estrictamente familiares o no. (Créanme, esto es algo que no afecta únicamente a los multimillonarios).

Partiendo de nuestra situación personal, deseos, estructura familiar, problemática fiscal, la existencia o no de una empresa (familiar) y otras variables, debemos ponernos a trabajar. Hacerlo con tiempo es esencial, igual que lo es contar con colaboración externa que nos ayude a valorar las diferentes alternativas.

Tres ideas básicas: separar el patrimonio familiar del empresarial suele ayudar a que situaciones de crisis como la vivida recientemente, no se lleven por delante a la familia por haber gestionado mal la empresa o haber sufrido un importante revés en negocio.

La otra parece todavía más obvia: tener un testamento, pero no algo estándar. Es necesario un documento que refleje realmente la decisión del testador, favoreciendo al cónyuge vivo si así lo considera, o nombrando administradores del patrimonio que se les deja a los hijos aunque sean mayores de edad; o reseñando aquello que sabemos que puede suponer una batalla familiar en caso de no especificarlo convenientemente. Algo a medida, porque refleja ese caso concreto, aunque haya otros muy similares.

Y ¡cuidado con los inmuebles!. Me refiero a que mucha de nuestra inversión esté centrada en este tipo de activos. Vuelven a estar en el punto de mira de muchos inversores, pero deben serlo en la justa medida.

Mientras seguimos celebrando los eventos sociales en esta época primaveral, los mercados viven su particular alegría, no exenta de las amenazas, a modo de tormentas de mayor o menor intensidad. Y en nada llega el verano que, a veces, no es muy tranquilo desde el punto de vista de la climatología…. Y puede que tampoco del de las inversiones. Estemos preparados para ello!

Francisco González Cuervo
Redacción EII

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